Fiesta del valor. CUENTO


Érase una vez un joven que vivía con sus padres en una casita humilde en la cumbre de una colina. Díjole un día sus padres:

-Quiero ir a recorrer mundo.

Ellos se pusieron muy felices y le regalaron un manto dorado como el sol, otro plateado como la luna y uno brillantes como las estrellas. También le dieron un hermoso morral para que allí guardara todos los tesoros que adquiriera en su viaje. Se despidió de sus padres y marchó. Bajó por la ladera de la colina y caminó todo el día. A la noche estando muy cansado y con hambre, divisó una pequeña casa y hacia allí se dirigió. Tocó la puerta y un hombre anciano lo recibió.

-¿Me  puedes  dar  un  poquito  de  agua,  pan  y  un  lugar  para  pasar  la noche? -Preguntóle el joven.

- Puedo ayudarte si tú te quedas un tiempo trabajando conmigo. -Le respondió el hombre sabio.

El muchacho acep y entró en la casa. Luego de comer y beber se fue a dormir. A la mañana siguiente se despertó con el primer rayito de sol y el sabio le dijo:

-Vendrás conmigo al campo. Vamos a llevar las ovejas y las cabras a pastar.

Las cabras y ovejas corrían y brincaban por todo el campo no pudiendo quedarse quietas, entonces el sabio sacó una flauta de madera y se puso a tocar. En el instante los animales se calmaron y comenzaron a pastar. Por la


noche al escuchar la flauta nuevamente los animales se reunieron, volvieron a casa y se fueron a dormir. Todos los días iba el anciano sabio al campo y con su flauta calmaba a los animales. Durante mucho tiempo, todos los días, salían y el muchacho aprend a tocar la flauta tan bien como su maestro. Pasó el invierno y llegó el verano.

- Ahora vamos a esquilar a las ovejas pues hace calor.

Y así fue como una a una fueron esquilando a las ovejas. Con toda la lana recogida, el anciano le enseñó a hacer un manto calentito para el próximo invierno. Y le dijo:

- No hay abrigo más calentito que un manto hecho con lana de oveja y trabajado con las propias manos.

Cuando el joven hubo aprendido a hacer con sus manos la manta más abrigada, díjole el sabio:

- Ahora prepárate que iremos al bosque.

El muchacho, junto con el hombre, se encaminó al bosque, se internaron en él hasta el corazón del mismo. Al casi no había luz, estaba tan espeso y lleno de matorrales que apenas podían caminar.

Al llegar, el sabio cortó un trozo del árbol más viejo que allí había y lo llevaron nuevamente a la casa. Lo cortaron, lijaron y clavaron durante mucho tiempo, la trabajaron hasta que quedó convertida en una hermosa espada de madera.

El sabio le enseñó a espadear y cuando el muchacho hubo aprendido, el hombre le dijo:

-Ahora debes seguir tu camino.

Cuando se despidió le dio al joven tres regalos: una flauta de madera, un poco de lana de oveja y la espada de madera que el joven guardó cuidadosamente en su morral.

Agradeciendo y luego de un gran abrazo, se marchó.


Poco tiempo después de haber salido de la casa del sabio el cielo se oscurec y el sol desapareció. Un gran dragón, que despedía fuego de sus fauces apareció volando y se robó todo lo que los campesinos habían cosechado. Con gran estrépito fue al palacio del Rey, tomó a la princesa y con un rugido, se la llevó a su cueva. El reino se sum en una profunda tristeza. El rey mandó a llamar a todos los valientes caballeros del reino para que fueran a rescatar a la princesa. El muchacho se presen en la corte. Allí había grandes caballeros, todos adornados con capas de terciopelo, espadas con piedras preciosas y caballos con montura de oro y de plata. Entre estos caballeros estaba el humilde muchacho con su nica, su morral y su espada de madera. Al estar todos los caballeros reunidos, el rey dijo:

-Quién  traiga  a  la  princesa  se  casará  con  ella  y  se  converti en  mi sucesor.

Los valientes caballeros gritaban y exclamaban “¡Yo seré el rey! ¡Yo seré el rey!”.

La primera prueba que debieron cruzar fue un río encantado. Las aguas turbulentas y las olas salpicaban. Había sólo un pequeño y estrecho puente por donde  cruzar;  había  que tener  mucho  equilibrio  pues si  una gota de agua tocaba los pies de los soldados quedarían convertidos en piedra. Los primeros soldados, corriendo con sus caballos brillosos, se precipitaron por el medio del río  y  a  la  primera  gota  que  tocó  sus  pies,  inmediatamente  quedaron convertidos en piedra. El muchacho, con paciencia, fue cruzando el puente. Cuando una ola fuerte venía, la dejaba pasar y luego seguía caminando: un pie delante del otro haciendo equilibrio. Finalmente cru al otro lado sin que una gota de agua tocarse sus pies.

Del otro lado se encontraron con una viejita que estaba tiritando de frío

-Por favor, denme algo para taparme, tengo mucho frío. Pero los caballeros le gritaban
-¡Sal del camino, vieja! No tenemos tiempo.


Y empundola la corrieron del camino. Sin embargo, el muchacho sacó de su morral el pedacito de lana que le había dado el sabio y le hizo a la viejita un abrigo.

-Que Dios te bendiga -le dijo.

Cuando estaba por marcharse la anciana exclamó:

- Cómo has sido tan bondadoso conmigo te revelaré un secreto: la ciudad próxima está reinada por animales feroces. Todo aquel que pase por ella es atacado y se lo devoran. Lo único que calma a los animales es la sica.

Dicho esto, el muchacho le agradec y sigu su camino. Desde lejos vio a los animales enfurecidos que atacaban y devoraba a los caballeros del Rey. Inmediatamente sacó su flauta de madera y se puso a tocar. Los animales al escucharlo se hacían a un lado y lo dejaban pasar. Aquellos que estaban dañando a los hombres del rey, al escuchar la sica se tranquilizaban y los dejaban seguir su camino. Así, el joven fue liberando a muchos hombres y amansando las fieras. Éstas, calmas y serviciales se le acercaban para escuchar la sica y lo respaldaban en su camino a través de la ciudad poniendo sus hocicos en su falda o echándose al borde del camino.

Cuando el joven pasó la ciudad divisó la montaña en donde se escondía el dragón. Hacia ella se dirigieron todos los caballeros que quedaban. En la puerta de la cueva del dragón se encontraron con dos gigantes que tenían unos garrotes grandes.

Los  caballeros  sacaron  sus  espadas para  derribar  a  los  gigantes  pero ninguno pudo ganarles. Le tocó el turno al muchacho, que con su espada de madera los saludó y espad tranquilamente: arriba, arriba, abajo, abajo, al centro, al centro y reverencia. Los gigantes se sorprendieron pues era el primer muchacho que sabía la clave mágica para pasar. Se hicieron a un lado y lo dejaron pasar. La cueva del dragón era negra y oscura como el carbón, no se veía nada, sólo se escuchaba el respirar del dragón y sus latidos del corazón. Al muchacho lo invadió un profundo miedo, ya no podía seguir pues sus piernas no se lo permitían. De pronto se iluminó su espada y aparec el Arcángel Micael que le dijo:


-Tú has sido el único valiente que ha llegado hasta aquí, has tenido valor, has sido generoso, con tu sica dominaste a las fieras. Ahora ten valentía, yo estaré a tu lado.

Y se depositó en su espada quien brilló como el sol. El muchacho, con nuevas fuerzas, retomó la marcha.

De pronto entre fuegos y bramidos aparec el dragón. El joven tomó su espada firmemente con las dos manos y con un golpe certero dio justo en el corazón del dragón vencndolo y dominándolo. El dragón cayó sin poder moverse.

El muchacho tomó a la princesa y juntos recuperaron todo lo que el dragón había robado del pueblo, todos los frutos y las cosechas y volvieron al palacio del Rey. ¡Qué alegría cuando el rey vio llegar a su hija en manos del valiente joven! Se hizo un gran festín con comida y bebida y el rey nomb al muchacho  caballero  y  pronto  se  celeb la  boda.  Cuando  el  rey  murió,  el valiente caballero se convirtió en un rey justo y sabio por muchos, muchos años.




Micaela Klein.


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